Cantar la valentía y el pundonor de dos matadores de alternativa que se prestan a abrir al público, previo pago de una entrada, lo que no debiera de pasar de un entreno a puerta cerrada me resulta abusivo.

Dicho lo cual, el domingo en Santo Domingo de La Calzada se lidiaron tres toros de ‘Palha’, desiguales de presentación y juego, destacando por armónico y guapo el segundo, también noble y repetidor, condiciones que también tuvo el tercero, y un cuarto que llegó excesivamente parado al último tercio. Abrió plaza un astado de Rosa Rodríguez, basto de pitón a pezuña que, haciendo justicia a su estampa, resultó deslucido. Sánchez Vara, sobrado de facultades y experiencia, desorejó a su segundo enemigo en un trasteo tan aseado como despegado. Ante el feo primero, que se siempre se quedó corto en la muleta del torero de Guadalajara, estuvo profesional. En ambos, banderilleó con lucimiento y ejecutó la suerte suprema con decoro y solvencia.

La faena de muleta del gaditano Miguel Ángel Pacheco al segundo, con algún muletazo largo y templado, fue de lo menos malo de la tarde, pero falló a espadas. Aguantó varios parones del cuarto y una parte del medio millar de espectadores congregado en el coso calceatense consideró que su actuación merecía ser premiada con un trofeo.