El mal juego de los toros de Juan Pedro Domecq llevaron al traste la ilusión y la esperanza de un torero que consiguió ganarse su inclusión en uno de los carteles más rematados de la feria de abril. A decir verdad y con permiso de Morante de la Puebla, Diego Urdiales ofreció los mejores pasajes de una tarde que deja poco o nada para la historia.

Lució en el recibo capotero Diego a su primero y también cuando probó la dulzura sobrevenida de las pocas fuerzas del toro una vez que recibió el primer castigo en el caballo. Con la muleta, Urdiales ofreció pasajes de gusto, buen trazo y temple orquestados desde un gran sentido de la naturalidad. La espada del riojano cayó baja y la petición de oreja no fue suficiente. Paseó una vuelta al ruedo que sirvió para recoger el cariño de Sevilla para con el torero de Arnedo.

El quinto, más despegado del suelo pero con las mismas fuerzas que el segundo, ofreció embestidas violentas y desacompasadas que el riojano gobernó con irregular lucimiento en un trasteo un tanto extenso en el que se alternaron pasajes asentados con otros más acelerados. Volvió a fallar a espadas.

Los mejores pasajes de la tarde llegaron en el sexto. Ante el de mejor son y mayor recorrido del flojo encierro de Juan Pedro Domecq, Manzanares lució en un trasteo templado. El astado se vino pronto abajo y, como no suele ocurrir, marró con la espada.

Morante dejó sello de su torería y pinturería en algún pasaje suelto de la tarde. Demasiado poco para lo que se esperaba de esta tarde.