Por todos es sabido que la fiesta nacional se cuida, se protege y se fomenta con mayor entusiasmo y efectividad en Francia que en nuestra propia piel de toro. El sentido común acompañado de cierto gusto y un ápice de lógica convierten la temporada francesa en un manual de obligado seguimiento para todo aficionado a los toros. Los festejos que al otro lado de los Pirineos se programan logran aunar interés, la novedad sin escapar de lo atractivo, variedad de encastes y las tan necesarias oportunidades a toreros noveles. ¡Ah, y novilladas! Porque durante la temporada pasada, más del 35% de los festejos celebrados en suelo galo fueron novilladas.
Francia anuncia ganaderías en buen momento, repite a las que ofrecieron un gran espectáculo en temporadas anteriores y premia a los matadores que dejaron una más que aceptable impronta, más allá de los trofeos obtenidos. Porque Francia también conserva esa sensibilidad que permite valorar al diestro en función del oponente, huyendo de números y estadísticas. Y todo bajo el denominador común de la integridad; la más escrupulosa integridad, refrendada desde la implacable seriedad de los equipos gubernativos de cada plaza de toros gala. Desde las toristas consagradas como Ceret o Vic-Fezensac, hasta Arles, pasando por Mont de Marsan, Béziers, Bayona, Dax o Nimes.
Recuerdo cómo el pasado 2016, la localidad de Istres intentó salirse de este guion establecido, concediendo trofeos más que baratos de reses de escasísima presencia y hasta permitiendo que Enrique Ponce lidiara dos toros vestido con esmoquin. De ahí que la pasada temporada, al ruedo de esta localidad del este francés saltaran toros de Adolfo Martín y Valverde, hierros de marcado acento torista. Quizás el trabajo de la ‘Unión de villas taurinas de Francia’, organismo que cuida la correcta celebración de festejos taurinos en el país vecino, se dejara notar. Otro de los cometidos de esta entidad es la defensa jurídica de la Fiesta frente a los injustificados ataques antitaurinos, pero como miman y cuidan el espectáculo como se merece no se ven obligados a frecuentar los juzgados.
Por su compromiso con las artes y la cultura, creo firmemente que Notre Dame volverá a lucir en su máximo esplendor en un tiempo récord. A Emilio de Justo también lo rescataron de las devastadoras llamas del que escucha tres avisos en Madrid. Ocurrió un 16 de mayo de 2010. Cuando en España se daba por acabado al torero, Francia, en apenas ocho años, nos ha devuelto a una figura en ciernes que todo aficionado desea ver esta temporada de 2019. Francia ofreció la oportunidad y el torero, a base de esfuerzo, compromiso y perseverancia, la aprovechó. Casos como el de Emilio de Justo hay más. A Francia van los que luego en España ver querrán. Y es que Francia, como buena torera, tampoco entiende de las prisas en esto de los toros.