Plaza de toros de ‘La Ribera’, 2ª de abono. Dos tercios de plaza. Toros de Hdros. De Ángel Sánchez y Sánchez, desiguales de presentación, colaboradores y de buen juego en general. Pablo Hermoso de Mendoza, silencio y oreja; Lea Vicens, silencio y dos orejas; Guillermo Hermoso de Mendoza, oreja y dos orejas.
A Miguel González Villahoz, ‘Miguelito’, antiguo alguacilillo de ‘La Manzanera’ y conserje después del coso donostiarra de Illumbe, Guillermo Hermoso de Mendoza le brindó su primer enemigo. Miguel fue, nada menos, quien introdujo a Pablo en el mundo de los rejones. Siempre alrededor del mundo del caballo, veía las extraordinarias dotes del estellés para la doma con animales que luego dedicaba a la venta. Cual visionario, aconsejó a Pablo que probara suerte en el mundo del rejoneo; la apuesta era casi segura, pues, pasara lo que pasara, esos caballos se revalorizarían enormemente de participar en estos festejos taurinos. Luego, pasó lo que pasó y Pablo Hermoso de Mendoza se convirtió en lo que casi aún hoy sigue siendo.
Porque Pablo ya no es el mismo que años atrás, cuando colgaba el cartel de no hay billetes en las dos participaciones que solía por San Mateo; competía con el resto de los compañeros y no se dejaba ganar nunca la partida. Hoy rehúsa enfrentarse a Ventura y, como el sábado en Salamanca, le toca abandonar a pie la plaza de toros, mientras Lea y Guillermo lo hacen en volandas.
A decir verdad, la correosa y colaboradora corrida de Sánchez y Sánchez hizo posible que la tarde resultara entretenida. Pablo escogió mejor las monturas y el grado de castigo en su segundo. Con un solo rejón a lomos de ‘Jíbaro’, lució en banderillas con ‘Ilusión’ y optó por un toreo más efectista, poniendo a ‘Donatelli’ a dos manos y realizando giros en la cara del toro. Tres banderillas cortas montando a ‘Alabama’ para matar de dos bajonazos, menos denigrante el segundo. Oreja de las de Logroño.
En su primero, de paupérrima presentación, cabe destacar cómo paró de salida usando a ‘Alquimista’, terminando por matar mal, con dos pinchazos, sin soltar en el último y enterrando el rejón. Hubo hasta protestas.
Las dos orejas de Lea Vicens en el quinto se deben más a una especie de represalia del respetable con el palco que a otra cosa. Lea trató de clavar toda la tarde con escaso ajuste y eso hizo que marrase en varias ocasiones con rejones de castigo y banderillas. Cuando el quinto ya pedía la muerte, la amazona pidió clavar dos rosas, el palco denegó tal encargo y así, sobre ‘Deseado’, simuló su pretensión. Mató bien, eso sí, y el gentío aprovechó para enmendar a quien veló por el cumplimiento del reglamento: el toro, muy apagado, ya llevaba cinco banderillas, cuando el límite reside en 6. Además, había intentado clavar al violín sin éxito en dos ocasiones.
Lo más destacado del festejo llegó de parte de Guillermo Hermoso de Mendoza que, con la de ayer, finaliza su primera temporada como matador de toros con diez puertas grandes consecutivas. Desorejó al que cerraba el festejo que brindó a todo su equipo en agradecimiento a este año tan especial para él. Como ocurriera en su primero, destacaron y gustaron mucho sus pares de banderillas cortas a dos manos, uno en cada oponente. Paró con determinación a su primer enemigo montando a ‘Barrabás’, posiblemente el caballo más fino de la cuadra de los navarros. Guillermo supo templar y conectar con los tendidos. El sexto resultó más complicado, terminando por echar la cara arriba en los finales, llegando a tocar a ‘Disparate’ hasta en dos momentos. Mató bien a este último tras una faena mucho más meritoria y exigente que la de Lea, de ahí el doble trofeo. Si este remataba con la cara alta, su primero se paró pronto y aquello bajó de intensidad en cierto modo.
Los matadores más jóvenes salieron triunfantes. Otra forma, más metafórica, eso sí, de decir que el festejo de rejones en Logroño pide, cuando menos, una reflexión: es el momento de dar cabida a nuevos valores del rejoneo.
A modo de curiosidad, ayer colgaron de las barreras más capotes de paseo que el día anterior. Qué cosas.