Calahorra, 31 de agosto de 2018.

5 toros de la Ventana del Puerto (el 6º como sobrero) justos de presentación y muy flojos; uno de El Puerto de San Lorenzo (7º), brocho y flojo y uno de El Canario para rejones. Sergio Domínguez, dos orejas; Diego Urdiales, saludos tras aviso y oreja; Cayetano, oreja y oreja; Emilio de Justo, oreja y ovación tras aviso. Casi lleno. Cayetano y Domínguez salieron a hombros.

Calahorra dijo sí a los toros. Con un ambiente inmejorable en los tendidos, la ciudad bimilenaria se posicionó a favor de los festejos taurinos en sus fiestas. Pena de la falta de fuerzas de los toros de la Ventana del Puerto, que condicionaron negativamente el primer duelo entre Urdiales y de Justo. Porque todos los toros doblaron en algún momento de la lidia las manos y pidieron mucho cuidado y nada de sometimiento en el último tercio.

Calahorra recibió con mucho cariño a Cayetano; se le jaleó el saludo capotero a pies juntos a su primero y se le premió con un trofeo un trasteo sin transmisión alguna debido a la falta de fuerzas del toro. Pese a tanto afecto, el de Ronda se encaró con una parte de la afición. El sexto de la tarde, flojo como sus hermanos, se partió la vaina del pitón y, por lo uno y lo otro, fue devuelto para enfado del torero con su cuadrilla. Mató bien y malhumorado salió a recoger su segundo trofeo. Parecía como si prefiriese estar toreando en su Ronda.

Urdiales lució a la verónica en sus dos actuaciones. Jugó los brazos con ritmo, temple, gusto y naturalidad. El de Arnedo sorteó los peores ‘frailes’ y aún pudo ofrecer bellos pasajes al natural con su primero. La buena colocación y el temple maquillaron las demasiadas carencias de su primer enemigo. Fue volteado y volvió a la cara del toro pasándose de faena. Antes, ‘El Víctor’ saludó en banderillas. Paseó un trofeo de su segundo, un animal huidizo, rebrincado y un tanto brusco en las medias embestidas que ofreció. Urdiales, valiente, se fajó con él.

El cuarto fue el mejor del mal encierro. Casi sin castigarlo en el caballo, llegó con tranco y recorrido a la muleta de De Justo, que lució a la verónica en un recibo cadencioso y ganando terreno hacia los medios. Faena de gran técnica del extremeño que, perdiendo un paso tras cada muletazo, consiguió no afligir a su enemigo y aprovechar el buen viaje del astado. La figura siempre erguida y los remates de cada serie, rebosantes de sabor y torería, destacaron en una faena templada y bien cimentada, toreando a placer por momentos. De rodillas inició el trasteo al último de la tarde-noche, un toro brocho con el hierro de El Puerto. El temple pulseado del extremeño logró extraer muletazos largos y de buen trazo en un trasteo emborronado con los aceros.

Abrió el interminable festejo el rejoneador Sergio Domínguez, que alternó pasajes templados y ajustados con otros alardes más alejados de la cara del toro. Cortó dos orejas.