Diego Urdiales terminaba la pasada temporada como figura del toreo. Bilbao y Madrid sirvieron para reivindicar la grandeza de un torero fiel a sus principios y a un concepto del toreo tan clásico como inusual en los tiempos actuales. Así, la temporada de 2019 se hilvanaba, pues, acorde al nuevo estatus del riojano en el escalafón. ‘Jandillas’ en Valencia, ‘juampedros’ en un cartel deslumbrante en Sevilla, y ‘fuenteymbros’, ‘alcurrucenes’ y ‘cuvillos’ en Madrid para los días de San Isidro y Beneficencia, tan reservados siempre para unos pocos de entre los elegidos. En el horizonte, Nimes y ya; pues hay toreros a los que siempre se les exige que refrenden con un triunfo, otro previo apoteósico.

En este caso, daba igual; el riojano disponía de diez oportunidades poco menos que soñadas. Pero sucede que las ganaderías de máximas garantías para el torero también son las ‘number one’ a la hora de lidiar toros deslucidos, descastados y carentes de cualquier transmisión. Parecía como si el vendaval que soplaba la tarde de marzo en Valencia barruntara que el triunfo grande fuera a resistírsele, como poco, hasta San Mateo.

Fue Urdiales fiel a su genial concepto del toreo en la primavera de 2019; pero ese concepto suyo necesita de un toro que se mueva, que humille, que repita… en definitiva, que transmita. Porque Diego es artista y poderoso; poderoso y artista, me es igual el orden. Cierto es que los sorteos le fueron esquivos, vio triunfar a compañeros de cartel, y el recuerdo de aquellas primeras tardes de la temporada fue demasiado efímero. El toreo de Diego no se parapeta tras el toro insulso y las tardes se le pueden poner cuesta arriba o diluirse enseguida, bien sea el toro malo el primero o el segundo del lote, respectivamente.

Honestamente y a toro pasado, creo que a Diego le ha faltado este año anunciarse con alguna ganadería torista. Una o dos tardes, tampoco más. Anunciarse con hierros ‘duros’ no te hace peor torero. Es más, el aficionado agradece el gesto casi a nivel de triunfo. El toro encastado y fiero exige, pero a la vez permite demostrar valor, preparación, capacidad, determinación, conocimientos… pasar de ese ingrato ‘ha estado por encima de su lote’.

Tras su firme paso por Dax, San Sebastián y Bilbao, la temporada de 2019 deja un cartel ansiado por todo aficionado: Ureña, de Justo y Diego Urdiales. Con una ganadería encastada, eso sí. Y es que Urdiales pide el toro.