Alfaro, 16 de agosto de 2019

Ginés Marín reune multitud de virtudes para ser un torero importante; ayer, en Alfaro, lució su temple, gusto, su manera de componer la figura y hasta cómo llegar a los tendidos. Creo que le falta apostar de verdad en tardes de responsabilidad. Ayer no era día para ello. El encierro de José Luis Iniesta, noble y manejable hasta la saciedad, adoleció una falta de transmisión con el que la terna solo pudo esforzarse para mantenerlo en pie. El de mejor condición, el segundo del lote de Ginés Marín permitió al extremeño torear a placer, luciendo en muletazos largos, templados y pulseados.

Las ocho faenas tuvieron el mismo guión; series cortas y a media altura, fruto de las escasas posibilidades de los toros y un final por alto, ya fueran manoletinas o bernardinas.

A David Galván se le notó el hambre de contratos y pareció querer hacer muchas cosas a la vez; como si un triunfo en Alfaro fuera a propiciar un ramillete de contratos. Con las cosas así, pareció como si fuera a empezar el trasteo a su segundo con un ‘cartucho del pescao’, pero en el último momento, con el toro ya encima, trató de sacárselo por la espalda y el toro le volteó de muy fea manera. Si se confirma que solo sufre fractura de radio, estamos hablando de un milagro.

El primero de David de Miranda, un auténtico marmolillo de cinco años y pico, no ofreció posibilidad alguna. Con el que hizo séptimo, el onubense alternó momentos templados y de buen trazo con otros más separados y rematando muletazos hacia afuera.

Se presentaba ante su gente el novillero sin caballos Fabio Jiménez y vaya si aprovechó la oportunidad. Con la plaza a su favor, al alfareño se le vio sobrado de técnica y recursos y sabiendo conectar con los tendidos, aunque ayer eso no era empresa difícil. Los mejores momentos del riojano llegaron en el recibo capotero al que hizo octavo, con un buen número de verónicas de manos bajas, templadas y ganando terreno hacia los medios. Con la franela demostró atesorar el sentido del temple, aunque en pasajes echó mano de ese toreo efectista que tanto se prodiga entre los toreros de alternativa.

En resumen, 3 horas de festejo para un encierro que solo tenía autonomía para 20 minutos de embestidas.

 

Alfaro, tres cuartos de plaza. Toros de José Luis Iniesta, muy manejables, nobles y sin transmisión. Paradísimo el cuarto; el mejor, el sexto. y dos erales del mismo hierro, nobles. David Galván, oreja y herido. Ginés Marín, oreja y dos orejas tras aviso. David de Miranda, silencio y oreja. El novillero Fabio Jiménez, que abrió y cerró plaza, oreja y dos orejas.