El alto ‘Limonero’ que hizo quinto, a Dios gracias, fue menos agrio que sus hermanos. Tampoco dulce, no se vayan a pensar. Urdiales supo exprimir, a base de seriedad, mando y sinceridad lo poco que tenía el de Alcurrucén, que terminó por descolgar para humillar en la muleta del torero de Arnedo. Pese a la falta de ritmo y codicia en la embestida del toro, Urdiales consiguió instrumentar muletazos de buen trazo, templados y mucho gusto. De uno en uno, eso sí, en un muy meritorio trasteo que fue de menos a más. Destacó una tanda al natural y dos trincherillas a modo de remate. El riojano cobró una gran estocada.
‘Socarrón’, se llamaba el primero del lote de ‘alcurrucén’ que le tocó en suerte a Urdiales ayer en Madrid. Y vaya si tenía guasa, pero de la mala. Frío de salida, repitió en el capote del riojano con timidez y manos por delante. Se quiso quitar la puya en los dos castigos traseros que recibió en el caballo y, a partir de ahí, embestidas descompuestas y arreones en banderillas. Inteligente el riojano, inició su trasteo por bajo y casi que hubo más. El toro, deslucido y brusco, cabeceaba en el embroque y se salía de la muleta también con la cara por las nubes. Con ese compendio de defectos, lo menos malo del ‘alcurrucén’ fue que no reunía la virtud de repetir. Urdiales quedó inédito.
A Antonio Ferrera le faltó apostar en su primero, encastado y con temperamento, al que le planteó una faena sin apreturas en los terrenos elegidos por el toro.
Ginés Marín, ante un lote imposible, se mostró voluntarioso.