Relegados a ese cada vez menos socorrido fondo de armario taurino, los festejos toristas han pasado de vestir ferias a ser roídos por la polilla del ostracismo. La última retirada del cartel, Logroño. Un ‘Victorino no tiene toros para San Mateo’ basta para descatalogar un festejo básico e imprescindible en cualquier feria. Y más en Logroño. Porque las ferias sin festejo torista son menos ferias. Le pese a quien le pese.
Y sí, ha tenido que ser Logroño la última en sumarse a esa pasarela de programaciones que solo anuncian colecciones de Domecq. ¡Con lo que ha sido Logroño…! En 1982, cuando el Mundial había preludiado la cosecha más legendaria de ‘Rioja’, a San Mateo se le honró con toros de Joaquín Buendía, Felipe Bartolomé, Dionisio Rodríguez, Victorino Martín, Palha y Guardiola. Y no, no se trataba de una corrida concurso de ganaderías. Era la feria de San Mateo de Logroño.
Este año la feria se ‘domecqtiza’ que, fonética y semánticamente, tiene un parecido atroz con que se domestica. Si es cierto que el encaste Domecq está lidiando toros que se acercan a la perfección, aunando fijeza, nobleza, acometividad, motor, repetición, prontitud, humillación… adolece de una excesiva previsibilidad. Porque a estos toros se les adivinan sus intenciones, casi siempre buenas, y aun permiten ciertas dudas al torero. Al toro encastado, no; con este, cualquier margen de error en el momento de elegir los terrenos, las distancias, los tiempos o la altura de los engaños desaparece.
El toro encastado exige valor, astucia, arrojo e inteligencia. Y todo a la vez. ¿Alguien da más? Exigir hierros toristas es exigir verdad. Como el funambulista sin red o el apicultor sin ahumador. El más difícil todavía. Sin plan ‘b’. Hombre y casta. Nada más.
Las modas pasan y el toreo necesita pensar ya en cómo reemplazar el buenismo que hoy delira con las embestidas sosas y predecibles, a partes iguales, del toro comercial. Creer que la faena a ‘Fantasía’, el ‘juampedro’, facilón y bonancible que indultaba Ponce el sábado en El Puerto, perdurará en el tiempo es eso, fantasear. Nuestra Fiesta necesita del riesgo y del peligro que solo aporta la casta. Sin casta no hay grandeza ni recuerdo en esto del toreo.
El festejo torista no es un resquicio de tauromaquias pasadas. Tampoco un guiño al pasado; es necesidad del presente. Eliminar de los carteles los hierros de Victorino, Adolfo, ‘La Quinta’, ‘Saltillo’, Cuadri, ‘Cebada’, Dolores Aguirre, ‘Valdellán’, Ibán o Escolar, entre otros, es un error que la Fiesta actual no se puede permitir. El carácter imprevisible de estas vacadas es intrínseco al carácter efímero del arte del toreo. El verdadero guion taurómaco se escribe si se desconoce cómo será el siguiente muletazo o la próxima embestida. Además, siguen siendo toros (herbívoros), por lo que no se comen a nadie.
El festejo torista no solo sirve para contento del aficionado más exigente. El festejo torista significa invertir en el hoy y el futuro más inmediato de esta fiesta de los toros. Por eso, una feria sin un solo festejo torista, como ésta de San Mateo, es menos feria. Le pese a quien le pese.