Excelente novillada de Álvaro y Pablo Lumbreras, por encima de la joven terna.
La bravura, ese misterio de la genética que hace que los animales se sobrepongan al castigo, es capaz también de vencer al calor. Cuando aún caían a plomo los cuarenta grados sobre la plaza de Lardero, apreció ‘Cantarín’, un eral colorado y herrado con el número 56, que refrescó la memoria del millar de espectadores para recordar las virtudes que debe aunar un toro bravo. Fijeza, nobleza, clase, bravura, recorrido, duración, motor, siempre a más y ese puntito de casta necesario. Novillo de ensueño con el que Arévalo de Pablos trató de colocarse siempre bien y someter al de la familia Lumbreras, no consiguiéndolo en todo momento.
El resto de la novillada aunó clase, bravura y fijeza. Primero y segundo resultaron más deslucidos al perder las manos en ocasiones debido al sofocante calor y el irregular estado del ruedo. Ninguno, pese a las pequeñas dimensiones de la plaza, desarrolló querencia por determinados terrenos y la casta se manifestó en complicaciones de distinto grado, todas ellas solucionables con oficio y determinación. La lidia de novilladas con caballos está llamando a las puertas de la ganadería de la familia Lumbreras.
Leandro Gutiérrez se proclamó vencedor de este certamen. Lució con gusto y temple su concepto a la verónica y, a base de oficio, consiguió muletazos de buen trazo en su primero. En su segundo, optó por acortar las distancias, agobiando a su oponente. En ambos, acertó con los aceros.
José María Trigueros dejó los mejores detalles de la tarde. Atesora temple, conocimiento de la lidia y valor. Le tocó en suerte el lote menos bueno, de corto viaje y con molesto cabeceo su primero y más temperamental el que hizo sexto. Con ambos estuvo firme. Seguro que seguiremos sabiendo de este joven alcarreño.
Manuel Macías fue reconocido como mejor subalterno y el picador riojano Jorge Martínez ‘Ramitos’ por su colaboración con la celebración de este Bolsín.