Tan solo dos elementos han permanecido fieles desde que empezara la feria de san Isidro, allá a mediados de mayo: el indómito viento y los exacerbados ataques contra ‘el siete’. Pero resulta que ‘el siete’ es necesario. Tanto en Madrid como en el resto de las plazas de España. Porque las críticas de este grupo de aficionados ganan ferocidad y sentido en la misma proporción que los abusos contra la fiesta de los toros, que unos cuantos pretenden cometer, adquieren tintes grotescos y desaprensivos. ‘El siete’ sirve, le pese a quien le pese, para que la primera plaza de mundo mantenga un rigor y una seriedad tan necesaria como cabal para asegurar la digna continuidad del espectáculo taurino. Sin ‘el siete’ la Fiesta sería tan amable como insulsa; tan permisiva como mediocre y olvidadiza.
Este tendido del sol pertinaz de Madrid, capaz de catapultar y de hundir el futuro de toreros y ganaderos, humildes por supuesto, adolece no contar con nadie afín que, enrolado en labores informativas, le reconozca públicamente el sitio que merece dentro de nuestra Fiesta. Al ‘siete’ se le agrede sin la compasión que requiere el que sustenta el espectáculo.
Es cierto que ‘el siete’ goza de cierta inoportunidad, pero no mayor de la que otros echan mano a la hora de rematar un cartel o señalar una corrida en el campo. El siete grita descompuesto en pleno acto taurino lo que otros silencian con mesura de señorito.
Sí, en ocasiones, carece de sensibilidad y condiciona, casi siempre para mal, el transcurrir de una tarde de toros. Pedir la dimisión del presidente al romper el paseíllo, por ejemplo, supone candar la Puerta Grande esa tarde, echando por tierra las ilusiones de quienes quieren abrirse un hueco en la profesión del toreo, como si este tendido no tuviera en cuenta el esfuerzo realizado para anunciarse en Madrid. Pero ¿es que alguien repara en el empeño de los del siete?
Falta que alguien hoy lidere este ‘siete’. Alguien capaz de encauzar tanta voz desacompasada y desordenada para ganarse el respeto de esa afición más comedida y discreta, que entiende la integridad Fiesta en el mismo sentido. Si un día faltara ‘el siete’ no tardarían en hacerle un siete al toreo. Pero de los que no se pueden zurcir.