El eco del discurso ofrecido por Victorino Martín ante la Comisión de Cultura y Deporte del Senado sigue reverberando en una buena parte de la sociedad, ya sea aficionada, indiferente o contraria a la tauromaquia.
Las palabras del prestigioso ganadero hicieron temblar unos incipientes cimientos con los que, de un tiempo a esta parte, un equivocado movimiento animalista pretende sostener a una sociedad, ya de por sí, cada vez más concienciada e involucrada con el ecologismo y el respeto por el medio ambiente. Victorino Martín desenmascaró con claridad y suma certeza el trasfondo de una corriente que, disfrazada de ‘progre’, atenta contra la libertad, el desarrollo humano y el enriquecimiento cultural e intelectual de las personas. Lo dicho, un texto de referencia para todo aquel que aspire a conseguir cotas democráticas y de convivencia aún por conquistar. ¡Chapeau (en clara referencia a la Ilustración), Victorino!
La comparecencia del presidente de la Fundación del Toro de Lidia en el Senado, por directa, sensata y rigurosa, poco o nada tiene que ver con anteriores intentos por defender el toreo. Hubo, en tiempos, distintos movimientos en pro de la defensa de la Fiesta de los toros que tenían el loable objetivo de apuntalar la tauromaquia conforme las exigencias de un Estado de derecho. Recuerdo cómo en el otoño de 2010 un grupo de ocho toreros consiguió que fuera Cultura, en detrimento de Interior, quien asumiera las competencias en materia taurina. Aquel logro llegó jalonado de innumerables promesas con el único fin de engrandecer el arte del toreo. Pero aquellos buenos propósitos duraron en el tiempo lo que tarda en comenzar una nueva temporada y tales compromisos no llegaron a saltar las tapias de los tentaderos invernales para, recién entrada la primavera, tornarse en interesadas exigencias contrarias al correcto desarrollo de la Fiesta. Lo de ‘predicar con el ejemplo’ o ‘consejos vendo y para mí no tengo’, elijan ustedes.
Por eso, lo de Victorino de ahora es diferente. Su rica y concisa disertación cuenta con el incalculable valor del poder sentirse respaldado por una trayectoria marcada por la integridad del que cría, cuida y selecciona minuciosa y concienzudamente ese toro bravo y encastado, único protagonista capaz de devolver a la Fiesta la verdad que nunca se le debió arrebatar. Nunca la tauromaquia ni su legado cultural habían estado mejor representados ni tan bien defendidos como hoy con Victorino. Es ahora cuando las palabras caminan de la mano de los hechos. Gracias, ganadero, por esta defensa, por fin, propia de un espectáculo de la talla de nuestra pasión: la tauromaquia. ¡Victorino Martín, en ti confío!