La bohemia con halo de mística que rodea a Morante de La Puebla le convierte en un artista poco cercano, incluso, a veces, inaccesible. Pero ocurre que, de cuando en cuando, el torero baja a la tierra, se hace uno más, habla y… es ahí cuando el pan se pone por las nubes. Días atrás, condicionaba su participación en diferentes cosos esta temporada a la televisión. Y no, no se opone a que le televisen pero sí a que haya varios comentaristas jalonando sus trasteos. Porque eso nadie lo puede negar. A Morante, aunque esté mal, con eso de que es artista, pinturero y tiene pellizco, siempre se le espera; si no está bien con un toro, nadie se lo echa en cuenta porque en el siguiente puede estar cumbre y así en bucle. A lo que vamos; esta semana, el sevillano, con chaqueta de pana y tocado con una boina, ha dicho que no le gusta que haya tantas voces cuando se televisa una corrida de toros. Que al público hay que educarlo y a veces desde el silencio (sic). Añade que el toreo no es comparable con el fútbol pero sí con una procesión de Semana Santa… Estas cosas contaba para ‘ABC’.

Pasa que el problema no reside en si son más o menos voces las que han de narrar una faena. El problema es que muchas tardes, demasiadas, son pocas todas las voces que se necesitan para hacer menos tedioso el sopor que se emana desde un albero. Porque cuando sale el toro de verdad, el bravo, encastado, repetidor y con motor, sobran todos los micros y el toreo y la tauromaquia se cuentan y se explican por sí mismo.

Pero aquí nadie se acuerda de pedir para sí ese toro que se cuenta solo. Es mejor eliminar voces, no sea que alguna eche de menos ese tipo de toro entre tal maremágnum de comentarios. Porque mucho me temo que haya nadie capaz de acordarse delante de la cara de un toro si son 3, 4 o 5 los que están comentando una faena para entonces torear con más o menos verdad. Además, cuando toro y torero consiguen trasmitir emoción sobran comentarios, chascarrillos y todo  lo demás.

Y es que pretender regresar a los tiempos de Joselito El Gallo a día de hoy no es de recibo. Toda evolución si es capaz de darle la mano al momento actual es positiva; eso sí, adaptarse supone esfuerzo. Los carteles con bombo ya existen; quién sabe si el VAR tardará mucho en llegar.