Parece que 3,30€ no van a ninguna parte. Y es posible que así sea. Seguro que 3,30€ no es un precio demasiado alto como para desestabilizar el presupuesto de una familia. Ni siquiera de un adolescente que se conforma con la paga de sus padres. Pero hay veces que abonar 3,30€ por algo puede resultar caro. También barato.
3,30€ era el precio fijado para poder presenciar un tentadero en el silencio de la noche. Vía ‘streaming’, eso sí. Tras más de cincuenta días confinados en casa, que 3,30€ fuera el precio para recuperar la ilusión por ver toros se antojaba poco menos que un regalo. Por 6,60€ se podía ver a Diego Urdiales y a Juan Mora haciendo la luna en la finca de Moisés Fraile. Recuperar la sensación de mirar al reloj con la impaciencia de que dieran las 22:30 sólo costaba eso: 3,30€. Además, el precio incluía una localidad en el ‘twittendido’ para volver a comentar un evento taurino en directo.
La idea, anotada en el haber de Moisés Fraile, además de novedosa, parecía servir para paliar las terribles consecuencias económicas de esta pandemia en el campo bravo. Y, por si fuera poco, enmendaba la plana a un canal temático taurino que parece que aún no ha sabido adaptarse a esta nueva normalidad que pasa por el cierre de las plazas de toros a cal y canto este 2020 tan canalla.
Poco antes de la medianoche del domingo tuvimos la certeza que los 3,30€ sólo habían servido para devolver, cuando no arrebatar, algo de ilusión a los cerca de 2.000 aficionados que pasaron virtualmente por taquilla. También para repensar esa idea de dar toros a puerta cerrada.
Hubo fallos tecnológicos graves que, a lo peor, fueron lo de menos. Dejó que desear la puesta en escena; las sensaciones que nacen desde la soledad y el silencio del campo en la noche no llegan a través de un ‘Ipad’ por muy ‘Pro’ que sea este. Y falló lo de casi siempre, que es lo que más escuece: la presentación de los animales, alguno indecoroso cuando se sabe que se está jugando con la ilusión de una afición enclaustrada por obligación. La temporada se da por perdida, pero el toro de saca se reserva hasta a saber y se cobra, mucho o poco, por una especie de tienta de utreros sin presencia. ¡Ay…!
Se vendió como tentadero una especie de lidia de toros que nunca aspiraron a cubrir ni una vaca ni media. Y sin muerte, claro. Si esta es la nueva tauromaquia en tiempo de coronavirus, paren este tren que yo me bajo. Prefiero un año sabático entre lecturas, videos de tardes triunfales, que no triunfalistas, o tributos a ‘Joselito El Gallo’. Esa ‘pseudotemporada’ a puerta cerrada que no termina de llegar no puede ni debe parecerse a este experimento. Ni de lejos.
Recuperar la ilusión por el toreo no tiene precio, pero no olvidemos que el canal Toros ofrece un mes de mayo repleto de festejos de primer nivel por 20€. Echen sus números. Las cuidadas ediciones de 6toros6 no llegan a los tres euros. Y también hay no pocas ganaderías de reconocidísimo prestigio ofreciendo tentaderos en directo por la cara. Falta que éstas se organicen y no se contraprogramen en la misma tarde. Y que se publiciten.
Contamos con todos los medios necesarios para salvar la Fiesta de esta crisis sanitaria y también política. Falta respeto para con el aficionado. Lo de siempre. En lo de Moisés hubo toreo, pero que no nos vendan ninguna moto, que ‘sólo’ nos cobraron 3,30€.