La Misericordia convertida en Calvario. Como en ‘El Descendimiento’ de Rogier Van der Weyden, Mariano es ahora izado por sus compañeros para devolverlo a la vida. Una vida que se apaga en el tercio, allá donde se empieza a poder al toro. Solo la esperanza de la Resurrección hecha imagen. En la tabla flamenca y en la foto del torero herido. Desmadejado. Inerte. Rostros helados, sollozantes, asustados y aterrados. De pánico e incredulidad. Nunca de miedo. Porque el miedo no aguanta la mirada de un torero.

Ya no interesa la lidia, pero el Toreo es respeto. Respeto con el rito. Con su grandeza. Con su historia y con la vida de otros que también cayeron en la arena. Como si se fuera a traicionar esta Fiesta nuestra, es momento de borrar las huellas de la tragedia. Que también lo son de la verdad. Y del triunfo que volverá a llegar. Y lo hace quien viste el oro. El compañerismo en el toreo habita más allá de todo el oro y la plata del mundo. Valores toreros. Valores de hombres.

Toca continuar con una tarde que ya es noche. La oscuridad de la incertidumbre apaga las luces y los brillos del toreo. Y ahí seguís: firmes, responsabilizados, serenos y, como siempre, valientes, imperturbables. ¿De qué está hecha vuestra aguerrida alma? ¿y vuestro estoico corazón? ¡Qué gallardía! ¡Qué señorío! ¡Solo vosotros sabéis afrontar la vida y la muerte! El todo y la nada.

Descender hasta casi la muerte para tocar el cielo del respeto y la admiración.
El toreo. Casi nada y casi todo. Se os quiere y se os necesita en la misma medida, toreros. Gracias por tantas lecciones. De vida y de humanidad. De valor y de humildad. De cojones.

Sin vosotros, toreros, el mundo sería más cobarde, más vacío. Sin vosotros, toreros, el mundo sería menos mundo.

Se os exige como lo que sois: héroes. Se os pide lo que estáis dispuestos a dar: la vida. Y se os quiere y se os necesita; y se os admira y se os espera. Y se os respeta. Y se os envidia. Más que vuestro inagotable valor, vuestra fortaleza para superar tardes como las de ayer. De tragedia, de pena y de horror.

Mis respetos.

Felicidades, doctores. Recuperaos, Mariano, Gonzalo y Miguel Ángel.

Gracias por tanto.