El ‘Verano Sangriento’ de Ernest Hemingway relata la cruda dureza de la temporada de 1959. Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez compitieron ferozmente aquel verano por hacerse con el cetro del toreo, sufriendo en sus carnes las consecuencias de tan sincera exposición. La presencia de Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Jaime Ostos, Gregorio Sánchez o un incipiente Paco Camino en aquella temporada que cumple ahora sesenta años impidió que la afición zozobrase durante los períodos de convalecencia de los maestros Ordóñez y Dominguín.

El maltrecho hombro de Roca Rey, lesionado usando el descabello, cuando la temporada entra en plena vorágine, ha puesto los despachos del toreo patas arriba. Si sustituir a un torero siempre se ha antojado complicado, remendar el roto que provoca la ausencia de la máxima figura del momento resulta imposible. Cual metáfora, el parón del peruano durante todo el mes de agosto se traduce en golpe de verduguillo para la taquilla, la afición y cualquier positiva repercusión del toreo extramuros de la plaza.

El escalafón de 2019 poco tiene que ver con aquel de 1959, capaz de rehacerse, en apariencia indemne, de la ausencia de los mejores. Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Cayetano serán los primeros en ocupar las vacantes que deja Roca Rey. Si bien los dos extremeños salieron por la puerta grande de Las Ventas en mayo y el menor de los Rivera triunfó con rotundidad en Pamplona, los carteles, con los cambios, pierden enteros para volverse previsibles y anodinos. Y es que los triunfos ya casi importan en este escalafón tan amortizado como caduco.

Quienes volvieron a ilusionarse por esto de los toros gracias a la novedosa irrupción de Roca Rey, pueden volver a revivir aquella desidia y monotonía de pocos años atrás, pues los encargados de sustituir al peruano durante este verano serán los mismos que trajeron la apatía y la pereza a la fiesta de los toros. Suerte.