Plaza de toros de ‘La Ribera’, 5ª de abono. Un tercio de plaza. Toros de ‘El Parralejo’, correctos de presentación, flojos, nobles y de buen juego en conjunto, salvo primero y sexto. Segundo, tercero, cuarto y quinto con movilidad y transmisión. El mejor fue el quinto. Manuel Jesús ‘El Cid’, palmas y vuelta al ruedo; Juan Leal, vuelta y oreja con petición de la segunda; Luis David, oreja y silencio.
Pasé unas cuantas horas de mi niñez en una bodeguita que se abría a la penumbra de un bajo de Avenida de la Paz: ‘Vinos Rodríguez’. Desnivelada y oscura, de sus paredes y techo colgaban carteles de toros y fotos de innumerables toreros. La de Tomás Campuzano, siempre en el lugar preferente. Tras la barra, José Luis Rodríguez Muro, ‘El Barrigas’. Y tras él, un cartel que decía: ‘mañana habrá caldo’. Nunca había. Ocurre lo contrario en ‘La Ribera’. Sin letrero que lo anuncie, todos los días se agolpan los despropósitos. ¡Vaya feria ha echado el palco!
Como en las barracas con el día del niño, la feria matea reserva una fecha para el abonado. Ayer, en los tendidos, solo el abono que, en definitiva, también es el aficionado de Logroño y alrededores. Para estar ayer en ‘La Ribera’ era requisito haber vivido ‘sanmateos’ pasados en La Manzanera, la plaza seria de Logroño. El palco de aquella plaza, sinónimo de seriedad y rigor va unido al de Félix Cámara, a quien cada día se le añora más. Como a Miguel Ángel Moreno o Juanjo Ibáñez. Ellos sabrán lo que tuvieron que tragar con estas gentes del toro. De estas cosas se hablaba en la tasca de ‘El Barrigas’. Hoy se habla de otros atropellos contra las libertades.
Por aquel entonces, parecía como si el palco fuera lo único que quedara lejos del alcance de quien organiza la feria. La tabla de salvación del aficionado. Hoy todo eso se cuenta en pasado. Ya no hay baile de corrales porque todo vale. Tanta sensibilidad a la hora de conceder trofeos y tan poca a la hora de aprobar toros o de sacar el pañuelo verde. Ayer, el primero tuvo que ser devuelto, se obligó en el segundo a una cuarta entrada en banderillas pese a que el toro llevaba cuatro palos y a Leal se le negó la segunda oreja del quinto. Pero no es eso, es lo que viene pasando desde el sábado. Y como era el día del aficionado, hubo bronca y se gritó ¡Presidente, dimisión! Hoy, sin toros, ya no habrá despropósitos.
Pese a todo, ayer ‘El Parralejo’ lidió en Logroño una interesante corrida de toros. Lo peor que le pudo suceder al hierro onubense fue lidiar los peores toros en primer y sexto lugar. Comenzar cuesta arriba y terminar cuesta abajo. Sin embargo, no podemos obviar otro dato no menos importante: a la corrida casi se le picó. El encierro de ‘El Parralejo’ tuvo nobleza y movilidad. Ningún toro mostró querencia y el quinto tuvo profundidad. El toreo rectilíneo de Juan Leal y Luis David imposibilitaron ver la dimensión total de sus primeros enemigos. A tercero y cuarto les dio por escarbar en exceso.
‘El Cid’ fue reconocido por parte de la empresa con una escultura con más fuelle que su primero. Dos volteretones del toro precedieron un trasteo duradero y siempre con las telas a media altura para evitar el derrumbe del animal. El cuarto sirvió para que Manuel Jesús se mostrara dispuesto y recordara el torero que fue ante una afición que le vio triunfar en esta plaza allá por 2004 y 2010. ‘El Cid’ y su toreo largo y de mano baja lucieron en una faena con altibajos. Templada y sometida la mitad de la faena, al sevillano se le atragantó una serie con la izquierda casi al final para rematar con un circular con cambio de mano, afarolado y el de pecho. Pena de pinchazos.
Dicen que se es mejor aficionado cuantos más toreros le caben a uno en la cabeza. Es imposible dar cabida a toreros como Urdiales o Aguado junto con otros como Luis David o Juan Leal. Unos y otros son la antítesis. Conceptos diametralmente opuestos. Empaque y torería frente a vulgaridad y bastedad. El día y la noche. El toreo y el no sé qué.
Tanto quiso cuidar Juan Leal a su primero que solicitó el cambio de tercio con una sola entrada al picador. Inició su trasteo de rodillas en el centro del ruedo con pases cambiados por la espalda. Llegarían luego nuevas raciones de rodillazos y cuando quiso hacer el toreo fundamental a aquella obra le faltaba reposo y, sobre todo, ajuste. Su oponente no paró de moverse. Citó muy de largo en la suerte suprema y pinchó.
También se movió mucho el tercero y eso, en estos tiempos es sinónimo de transmisión. Luis David planteó una faena desordenada. Hubo tirones, toques bruscos y unos cuantos trapazos. Mató en la suerte de recibir, enterró la espada y cortó la oreja ramplona de la tarde. Su último se lesionó y tuvo que abreviar.
Diferente fue la imagen de Juan Leal en el quinto, el toro de más calidad de la interesante corrida de ‘El Parralejo’. La única concesión, el inicio de faena en los medios y por la espalda. Luego, frente a las buenas condiciones de ‘Maestro’, Juan Leal supo dar distancia, tiempo, templar las embestidas y someterlas en muletazos largos y de buen trazo. A más toro y torero. Humillado el uno, rebozándose el otro. Me gustaron los remates del francés con los de pecho. Mató de estocada entera y solo obtuvo un trofeo. En comparación con otras recompensas concedidas durante la feria, era de dos.
Hubo quites, pero un tanto embarrullados. No entendí cómo Juan Leal pudo quitar en un toro de despedida, el último de ‘El Cid’ en Logroño. Manual de estilo.
Fin de feria. De una feria ramplona y triunfalista, que deja el nivel taurino de Logroño por debajo de donde se encontraba el pasado sábado. Lo que se puede destruir en solo 5 días.
Ha sido un honor poder contar esta feria. Sé que alguna opinión ha herido alguna sensibilidad en quienes nunca tuvieron de eso, sensibilidad, con el principal valedor de esta Fiesta: el aficionado. Ni tuvieron, ni tienen, ni, por lo visto, van a tener.